S?bado, 25 de marzo de 2006
La vida en la ciudad tiene ventajas e inconvenientes. Uno de estos ?ltimos es el volumen tan elevado de ruidos que nos vemos obligados a soportar casi todos los d?as del a?o. Obras p?blicas y privadas, veh?culos de todo tipo, m?quinas pesadas castigan nuestros o?dos a diario. Las avenidas soportan un tr?fico intenso que provoca un ruido ensordecedor.
La vida en el pueblo es otra cosa. El estr?s por ruido y prisas es bastante m?s reducido que en la ciudad si no inexistente. La vida aqu? podr?a ser casi buc?lica a no ser por la costumbre que les ha entrado a nuestros ni?os y j?venes de jugar con motos y quads a todas horas del d?a y de la noche. A menudo el paseo tranquilo por las calles del pueblo se ve turbado por el ruido petardeante de las motos que pasan una y otra vez, para arriba y para abajo, para abajo y para arriba sin rumbo alguno, como un abejorro estre?ido. Normalmente, el ni?o o joven que juega con este juguete car?simo de adquirir y mantener acelera su petardeo cuando se cruzan contigo, porque as? se reafirma su interesante personalidad de consumidor compulsivo. No voy a hablar ahora del problema energ?tico que supone tirar litros de gasolina cada d?a, litros que pagan religiosamente los padres en su mayor?a, ni del medioambiental. S?lo me basta con denunciar los decibelios que no deb?an existir en el pueblo, pero que lamentablemente provocamos con los juguetes que compramos a nuestros ni?os.
Publicado por minglanillaweb @ 15:12
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