Lunes, 06 de mayo de 2013

Harakiri

Las Cortes franquistas aprobaron en noviembre del 1976 la Ley para la Reforma Política, última con rango de Ley Fundamental del Reino y ha sido llamada y de hecho supuso el “harakiri de las Cortes franquistas”. Aquel difícil harakiri se ve como un rasgo de anteposición de la ideología dominante a la necesidad de dar a luz un nuevo Estado democrático y moderno que nos ha venido sirviendo a los españoles al menos hasta este momento. Fue por supuesto fruto de un amplio consenso entre todas las fuerzas políticas y sectores sociales de la época y marcó un antes y un después en nuestro país.

Ahora que atravesamos una dificilísima situación económica, social y, sobre todo, política se habla abiertamente da la necesidad de implementar un cambio profundo y estructural del Estado nuevamente. Todos estamos de acuerdo en considerar insuficientes la mayor parte de las medidas que se han estado tomando para solventar la situación y que han sido muchas y traumáticas.

Los trabajadores han sufrido una reforma laboral sin precedentes y que no ha logrado hacer bajar el desempleo, sino que por el contrario ha aumentado hasta los 6,2 millones.

Los funcionarios han sido despedidos sin contemplaciones en medio de una campaña alentada desde arriba de desprestigio totalmente injusta.

Las familias y empresas hemos visto una importante subida de impuestos que nos ha dejado sin posibilidad de maniobra.

Los recortes sociales en educación, sanidad, desempleo, dependencia. El parón en la aún insuficiente investigación.  Parches impuestos por la UE que sin embargo no han afectado a la abultada clase política que continúa con sus abultados sueldos, dietas. La eliminación de nada menos que 350.000 cargos políticos equipararía España con los censados en Alemania. A esto añadimos la “legalidad” de no tener que dimitir pase lo que pase y se descubra lo que se descubra en contra de lo que sucede en el resto de Europa y que sonroja de vergüenza y de ira a cualquiera de nosotros, la escasa representatividad de los ciudadanos de los cargos electos, por mucho que hayan sido elegidos en las urnas y la “carrera política” sin necesidad de formación ni opositar ni presentar concurso de méritos.

En efecto, basta con adherirse al aparato del correspondiente partido y, en muchas ocasiones, con el simple hecho de la consanguinidad o manifiesta amistad con el político de turno para obtener un jugoso puesto en la Administración como asesor o puesto de “confianza” o colocarse en las múltiples empresas satélites de las decisiones políticas también de turno.

Sólo los políticos, por tanto, los grandes empresarios financieros por los que éstos tienen que pasar forzosamente y los evasores de capitales son los elegidos por los dioses en nuestro Olympo particular.

Algo, sin embargo parece que intenta cambiar: el pueblo es cada vez más activo, más consciente de que los cambios estructurales son imprescindibles. El ser político ya no es tan rentable socialmente. No ha sido necesario desprestigiarlos desde ningún púlpito, como hicieron ellos con los funcionarios. Se han bastado ellos solitos con la puntita del iceberg, los cerca de 1000 imputados por corrupción, 50 ayuntamientos e incluso la familia real. Un descrédito de la “marca España” que se afanan en acuñar día a día. Los políticos inflados como globos embutidos en sus trajes y encorbatados, ellos. De largo y con enormes tacones o trajes impecables de chaqueta ellas,  que se pavoneaban ante la asombrosa mirada del populacho ha dejado de ser rentable. Los escraches, los artículos de investigación de la prensa, las imputaciones de los compañeros - funcionarios - jueces (lo digo por las presiones que sufren y con las que tienen que lidiar a diario) quizá estén ya desinflando esos globos que, aún fofos, aún siguen parapetados en las trincheras de sus privilegios.

Llegados  a este punto, parece evidente que es sumamente difícil que nuestros políticos, que no los elige el ciudadano sino el dirigente del aparato del partido sean capaces de emprender rápidamente y con el consenso requerido las reformas estructurales que España necesita y demanda: Nueva ley electoral, supresión de numerosos cargos políticos, ley de Transparencia, endurecimiento de penas para los corruptos y grandes evasores, lucha sin tregua contra los paraísos fiscales al estilo que se hico con el terrorismo internacional a raíz del 11S, nueva ley reguladora de entidades financieras…En otras palabras, segundo harakiri político de nuestras Cortes.

Por delante vaya que las resistencias de los políticos para limitar a los políticos y a sus amiguetes no va a ser fácil. Está claro que la intervención del pueblo es y será decisiva y determinante. La presión constante hace que políticos como la sra. Cospedal se enfade y rete a movimientos ciudadanos a mojarse políticamente, o que dirigentes del aparato empiecen a sentirse inseguros en sus tronos. Pues eso. Que el voto vaya a las personas que nos representan, a las que podamos pedir cuentas, a las que se lo piensen dos veces antes de mentirnos, a las que el puesto político sea un engorroso puesto al servicio público y no a intereses financieros. Que el voto no sirva para nada si no es con estas premisas. El voto útil pasa por ser el voto que propicie el seguro harakiri político como programa electoral.


Publicado por minglanillaweb @ 19:03
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