Lunes, 20 de enero de 2014

Ya es bastante complicado explicar la creación del universo mundo o la creación del hombre sobre la Tierra. Los siete días que Dios empleó para la creación del Mundo pudieran no ser los días que los humanos conocemos, de veinticuatro horas, doce de día y doce de noche. Pudiera ser que se hablara en metáfora en la Biblia y realmente fueran periodos mucho mayores.

Adán y Eva fueron los primeros  hombres sobre la Tierra. Bueno, Adán propició el nacimiento de Eva donando una costilla. Posteriormente se lo malpagó comiendo aquella manzana envenenada que le ofreció la serpiente sin pensarlo dos veces.

Es complicado explicarlo, sobre todo desde que la ciencia empezó a empeñarse en dar sus propias explicaciones.

En la cosmología moderna, el origen del Universo es el instante en que apareció toda la materia y la energía que existe actualmente en el Universo como consecuencia de una gran explosión. La postulación denominada Teoría del Big Bang es abiertamente aceptada por la ciencia en nuestros días y conlleva que el Universo podría haberse originado hace unos 13.700 millones de años, en un instante definido. (Wikipedia).

¿Y qué decir del hombre y la mujer, que es lo mismo. Mejor, el origen de la vida?. La opinión más extendida en el ámbito científico establece la teoría de que la vida comenzó su existencia a partir de la materia inerte en algún momento del período comprendido entre 4400 millones de años —cuando se dieron las condiciones para que el vapor de agua pudiera condensarse por primera vez—y 2700 millones de años atrás —cuando aparecieron los primeros indicios de vida.

Como vemos, los científicos continúan investigando e intentando establecer todavía teorías que puedan demostrar ciertos hechos trascendentales para el ser humano.

La Iglesia no se ha llevado por tanto muy bien tradicionalmente con la Ciencia, como es fácil de comprender.

Y mientras tanto, llega el otro día un príncipe de la misma, el nuevo cardenal español Fernando Sebastián y nos recuerda a todos una teoría defendida por gran parte de la cúpula eclesial.

 “La homosexualidad es una deficiencia pero, gracias a Dios, admite corrección y solución con un adecuado tratamiento”. La Iglesia, dice, no deja de querer a estos seres humanos, pero no por eso va a obviar este hecho- el de la deficiencia corregible- y en este sentido hay que entender las palabras del Papa Francisco cuando dijo al ser preguntado por los homosexuales: "¿Quién soy yo para juzgarlos?"

Y claro, se complica aún más la cuestión pues de nuevo la Ciencia se empeña en contradecir a Monseñor.

Aun atendiendo a la teoría neurobiológica, se menciona que en la orientación sexual interfieren gran cantidad de factores como circuitos neuronales, factores genéticos y hormonas; pero hace hincapié en que, durante los seis primeros meses de vida gestacional, se establece una impronta de carácter sexual en el encéfalo y que en dos etapas subsecuentes e importantes, durante los dos primeros años de vida y la adolescencia, existen cambios de gran actividad hormonal que pueden consolidar la forma en que cada individuo ejerce su sexualidad.

Existen otras muchas teorías. Los estudios científicos realizados por Alfred C. Kinsey, concluyeron que, analizados tanto el comportamiento como la identidad, la mayor parte de la población parece tener por lo menos alguna tendencia bisexual (atracción hacia personas tanto de uno como de otro sexo), aunque ordinariamente se prefiere un sexo u otro. Kinsey y sus estudiantes consideraron que sólo una minoría (del 5 al 10 por ciento) es completamente heterosexual o completamente homosexual. De la misma manera, sólo una minoría aún más pequeña puede considerarse completamente bisexual y se establecieron diversos grados de bisexualidad. Estudios posteriores han querido demostrar que el informe de Kinsey había exagerado la prevalencia de la bisexualidad en la población; pero todavía su idea goza de una gran aceptación. (Wikipedia una vez más). No sigamos que vamos a enredar más las cosas.

Deficiente proviene de defecto y no presenta defecto lo que funciona perfectamente. Lo que sí parece más claro es que el tratamiento al que se refiere Monseñor y que no especifica, no está nada claro. Entre otras cosas porque la orientación sexual es una orientación y no hay porque buscar reorientaciones, pues se corre el riesgo de la desorientación. Los homosexuales saben que no son deficientes y no necesitan tratamiento. Cuando hace tiempo buscaba el tratamiento, acosados por el convencionalismo y la presión social, no dio ningún resultado. Ni siquiera a base de catequesis y retiros. Todos hemos tenido noticia incluso de casos de homosexualidad en alguna de esas comunidades catecumenales.

Buscando “Terapias de reorientación sexual” se encuentra esta tajante afirmación.

“Actualmente, la Asociación Estadounidense de Psicología (en una resolución con 125 votos a favor, y 4 en contra) condena estas terapias que intentan cambiar la orientación sexual de los pacientes, indicando que hay grandes probabilidades de que los pacientes sufran depresión y tendencias suicidas. Además, declaró que los psicólogos y demás terapeutas no deben decir a sus clientes homosexuales que pueden convertirse en heterosexuales a través de terapia u otros tratamientos ya que no existe evidencia sólida de que esto sea posible. Estas declaraciones fueron realizadas luego de una investigación que duró dos años y en las que participaron sus 150 000 miembros.”

Otras entradas demuestran la búsqueda de tratamiento para la homosexualidad y en todos los casos no se concluye que esta sea un desorden, dando por tanto escasos resultados las terapias. Algunas tan traumáticas como proporcionar descargas eléctricas en los ósganos sexuales.

 En una famosa carta a una madre que le pidió a Freud que tratase a su hijo, escribió:

Preguntándome si puedo ayudar [a su hijo], quiere preguntar, supongo, si puedo eliminar la homosexualidad y hacer que la heterosexualidad pueda tomar su puesto. La respuesta es que generalmente no podemos prometer que lo consigamos. En un cierto número de casos tenemos éxito desarrollando los gérmenes de las tendencias heterosexuales que están presentes en todos los homosexuales, en la mayoría de los casos ya no es posible. Es una cuestión del tipo y de la edad del individuo. El resultado del tratamiento no puede ser predicho. [...] La homosexualidad seguro que no es una ventaja, pero no es nada de lo que haya que estar avergonzado, ningún vicio, ninguna degradación, no puede ser clasificada como una enfermedad.

Sigmund Freud

El ICD-10 de la Organización Mundial de la Salud, que junto al DSM-IV es ampliamente empleado en el mundo, afirma que «la orientación sexual por sí misma no se puede considerar un desorden». En su lugar lista la orientación sexual egodisintónica, que define como «la identidad o la preferencia sexual (heterosexual, homosexual, bisexual o prepubertal) no está en duda, pero el individuo desea que fuera diferente, por estar asociada a desórdenes de comportamiento, y puede que busque tratamiento para cambiarlo». La APA eliminó la homosexualidad egodistónica del DSM-IV en 1987 y se opone al diagnóstico tanto de la homosexualidad como de la homosexualidad egodistónica como un tipo de desorden.

¿Dónde queda pues la “deficiencia”? ¿No será en la forma de pensar del sr. Sebastián?

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Publicado por minglanillaweb @ 23:20
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