Lunes, 11 de agosto de 2014


“Dejar algo en la cuneta” es sinónimo de aparcar un tema, una cuestión, un negocio. Las cunetas tienen más valor que el que quizás le concedamos habitualmente. Hace años en nuestros viajes por esas carreteras de dios bendecíamos el poder aparcar en una cuneta, con sombra a ser posible a descansar de los kilómetros, a echar un trago de refresco y puede que a comer algo. En otras ocasiones nos permitían el alivio de imperiosas necesidades. Eran otros tiempos. No sé por qué ahora las cunetas tienen un escalón muy pronunciado y no permiten detenerte con tranquilidad.

El diccionario de la Real Academia Española define cuneta como “zanja en cada uno de los lados de un camino o carretera para recibir las aguas llovedizas”. Word reference por su parte  ilustra esta definición con el ejemplo: “Abrió la puerta del coche y tiró el saco a la cuneta”.

En mis paseos con la bici por las carreteras que circundan nuestro pueblo he podido comprobar que esta referencia anterior por desgracia se cumple casi literalmente. No hay sacos al menos con los que yo me haya tropezado, pero hay botellas. De plástico mayormente, pero también de otros materiales. Decenas de botellas arrojadas a la cuneta. Y plásticos, y botes.

Si usted va a Francia o Suiza verá limpias las cunetas. Una cuneta, señor mío, es una tarjeta de presentación para el visitante que entra en un país, una región, una provincia. Dice mucho de las gentes que pacemos por aquí. Es más marca España que otras.

  Merece la pena reflexionar sobre nuestro proceder. No dejemos a nuestra tierra “tirada en la cuneta” 


Publicado por minglanillaweb @ 18:58
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