Jueves, 06 de noviembre de 2014

A tres días del enigmático 9N en el que todos los ojos están puestos no puedo evitar escribir mi tercer artículo sobre el tema. Tan apasionante nos han hecho creer que será. Y seguramente lo será, sí señor.

Vaya por delante que el símil que voy a utilizar no va con segunda intención. Quizá alguien pudiera sentirse ofendido al pensar que esté tachando de fascista al Govern. Ni mucho menos. Soy muy respetuoso con las opiniones de los catalanes y su Gobierno respecto al futuro al que quieran apostar, sin obviar que el camino es convencer al Parlamento español que debe modificar la Constitución para permitirlo. A pesar de que esto obligue a trabajar arduamente para conseguirlo, porque no es fácil. Pero constituirse en país independiente partiendo de una comunidad autónoma, tampoco debe serlo, y en todo caso no cabe ningún otro camino…o no debe existir, si se cumple con la Ley.

En este sentido, me hace gracia escuchar de los independentistas que van a recurrir a organismos internacionales. ¿Acaso alguien duda que alguno de estos organismos fuera a apoyar la desobediencia al Tribunal Constitucional nacional? ¿Qué país puede apostar por esto?. ¿La propia Generalitat admitiría desobediencia ciudadana en sus disposiciones legales?. Porque esta desobediencia es la que se está presuntamente apreciando estos días. Esperemos que los tribunales puedan superar esa presunción para elevarla a firme.

Y ahora a lo que iba. A muchos puede extrañar la enorme apuesta de la población catalana a este proceso independentista (llamemos a las cosas por su nombre), apuesta que por otro lado es incuestionable. Sí que unos partidos nacionalistas pueden encontrar la independencia lógica en su propia razón de ser,¿ pero los millones de habitantes catalanes también?¿A pesar de la incertidumbre que supone?¿Todos son independentistas?.

Esto me retrotrae a mis vividos años sesenta, cuando el régimen proclamaba con toda pompa los veinticinco años de paz o donde todos salíamos a las calles de nuestras ciudades para manifestar nuestra adhesión inquebrantable al régimen vilipendiado por los países demócratas europeos. ¿Éramos todos franquistas? ¿Vivíamos los españoles en mayoría de acuerdo con ese régimen vigilante y de pensamiento único y oficial?. Bueno, evidentemente no. La propaganda funcionaba con unos y las presiones y coacciones con muchos. La llegada de la democracia reveló la verdadera adhesión. Cuatro ultraderechistas sin apenas votos, y eso que se podía votar sin temor. En aquella ocasión todos votamos "sí a Franco" según la propaganda oficial. Después volvimos a votar sí a la OTAN. El PSOE en el gobierno por aquel entonces nos convenció que era impepinable, contradiciéndose a sí mismo, que había incluido en su programa salir de la estructura de la Alianza. Y lo que hizo fue introducir a España en la estructura militar. Alguna fibra ciudadana tuvo que tocar González para que tanta gente acatase su interés, que así se convertía en interés general.

Cuando un gobierno tiene una opción a defender utiliza toda su fuerza en forma de propaganda, autoridad y medios públicos para conseguirlo, sin contar con la sutil o contundente coacción. Y no es difícil que lo logre.

La exacerbación, exaltación de los sentimientos patrios no son difíciles de conseguir. Obsérvese si no la hinchada futbolera. Los españoles quizá seamos de los que menos, precisamente por el exceso que hemos tenido en la etapa política anterior, pero bueno, quizá baste con encontrar la fibra sensible para revertirlo.

¿Habría existido la efervescencia independentista en la población catalana de no haber mediado activamente los partidos independentistas y aún más, el gobierno de la comunidad? Ya no lo vamos a saber y quizá ya no importe. Lo que es un hecho es que la propaganda, la presión, la educación, los medios públicos se han puesto allí a disposición de los intereses nacionalistas. No ha sido espontáneo en mi opinión los movimientos ciudadanos, o no totalmente. Las políticas de muchos años han ido curtiendo una población afin a los intereses partidistas. Un hecho ha podido ser determinante: la exacerbación de los sentimientos de injusticia y agresión. “El estado español ha puesto su pie sobre nuestro cuello. Levantémonos unidos contra tal ignominia”. Parece una exaltación medieval, pero al fin y al cabo hacia el medievo vamos.

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Publicado por minglanillaweb @ 16:07
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