S?bado, 31 de enero de 2015

La escritora Concepción Arenal, de la que celebramos este año el 195 aniversario de su nacimiento escribió la frase lapidaria: “Abrid escuelas y se cerrarán cárceles”, y es que la escuela tiene un reto que sin embargo en muchas ocasiones es de difícil alcance en tanto que la “tribu”, el entorno familiar y social no marche con el mismo paso y aún más, marche decidido con el paso cambiado. Pero esto no exime a la escuela de perseguir el método adecuado para aproximarse al reto. Abandonarlo por imposible desnaturalizaría su propia razón de ser.

Dos noticias a las que he tenido acceso en estas últimas semanas me han hecho reflexionar una vez más sobre dos formas de violencia que por domésticas tenemos cerca de nosotros y las palpamos a poco que sepamos mirar con atención. Me refiero a la violencia escolar y a la violencia contra la mujer. A veces ambas van relacionadas. Con frecuencia los hijos sufren la violencia machista que dirigida contra la madre se utiliza dolorosamente como instrumento aumentativo del daño de ésta. Ya se sabe. No hay nada más amado para una madre que el ser que surgió de sus entrañas y no hay forma de hacer el máximo de daño, de ejercer el máximo de violencia contra ella que hacerlo contra el hijo. Los maltratadores lo saben muy bien y con frecuencia desgraciadamente lo practican. Algunos niños acosadores han sido a su vez acosados. Por otro lado los casos de muerte por violencia machista no cesan.

La noticia más reciente publicaba la síntesis del estudio “La percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud”, elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas para la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad a partir de 2.500 entrevistas a personas entre 15 y 29 años, presentado el martes 27 de enero. En este estudio se habían obtenido resultados sumamente alarmantes. El 33% de los jóvenes españoles entre las edades mencionadas considera "inevitable" o "aceptable" controlar los horarios de su pareja, impedir que vea a su familia o sus amistades, no permitir que estudie o trabaje o decirle lo que puede y no puede hacer.

Los encuestados y encuestadas rechazan mayoritariamente la violencia contra la mujer, pero, en palabras de la socióloga coordinadora de la encuesta Verónica de Miguel "cuando se indaga se observa que no todas las formas de violencia suscitan el mismo rechazo ni todas las manifestaciones son vistas como violencia, como el control". Y, bueno, el colmo llega cuando nos enteramos que un 32 % de las chicas califican en ciertos casos como justificable el control del varón sobre ellas.

Toda la vida ha existido violencia sexual o física asociadas seguramente a la cultura machista dominante durante siglos y así por ejemplo las mujeres de nuestra familia tenían que ser acompañadas por algún hombre cuando salían a ciertas horas, y era el progreso de la sociedad la que, pensábamos los de mi generación, haría minimizar o desaparecer esa clase de violencia.

Pero una vez más comprobamos que “la tribu” no ha propiciado suficientemente ese avance social.

Esta situación me lleva a la primera noticia a la que accedí casualmente y que también me dio que pensar. Se había comprobado mediante estudio que la sexualidad en los adolescentes y jóvenes se estaba adquiriendo con la enseñanza de los patrones que nos proporciona la industria del sexo, es decir, la pornografía.

Vaya por delante que la pornografía no está considerada en sí dañina o perjudicial e incluso puede ser terapéutica según en qué casos. Lo realmente preocupante es que el modelo, el método y el objetivo del aprendizaje sexual de nuestros jóvenes se base en estos estereotipos falsos, y que junto a la carencia de emociones o sentimientos propugnan como modelos la dominación del varón y la sumisión de la mujer. Me da la sensación que esta “academia de la sexualidad” está asumida tanto por chicos como por chicas y que las prácticas de las películas pornográficas se parecen mucho a violaciones consentidas que, una vez puestas en práctica, pueden derivar fácilmente a violaciones forzadas.

Las modas han jugado siempre un importante papel en el comportamiento de las masas. Todos nosotros nos hemos sentido arrastrados por las tendencias que nos marcaban los agentes interesados en mover a las masas y que inocentemente hemos pensado que eran producto de la evolución social y la adaptación a los nuevos tiempos. Las modas en el vestir, el consumir o el peinado son dirigidas, y más propiamente podríamos decir teledirigidas, si este término puede aglutinar las tecnologías al servicio de la imposición de tendencias. A las modas de estética se unen las de comportamiento. Actualmente las redes sociales son un vehículo ideal para marcar tendencias y los agentes interesados se infiltran continuamente. No es extraño que nos inciten a pinchar sobre el vídeo que muestra situaciones de dominación y vejaciones sexuales, cuando no de violencia pura y dura. “Miren lo que le pasa a estas chicas cuando creen que sus novios no las ven…” “No podrán creerse lo que…etc” ¿No les suena a algo?¿No hemos “pinchado” alguna vez?¿No hemos practicado la inocencia cuando, creyéndonos tamaña manipulación hemos compartido con los demás estas propuestas?

Hace ya muchos años, en los 60, 70, se creó la moda del hombre sensible, en cierto modo algo afeminado, que no homosexual. Las chicas suspiraban por este tipo de hombres. Muchos se convertían en sensibles para ligar a trote y moche.

Antes que eso el modelo era el de rudo y peludo macho y tatuado, capaz de arrastrar por los pelos a la fémina que suspiraba mientras su culo daba botes por las piedras del camino. Más reciente, el hombre dominante pasa por la depilación total, los músculos y la proliferación aún más del tatuaje.

Un actor o actriz, futbolista o famoso, famosa puede crear estilo en su diseño y en su forma de entender la vida, y a poco que indaguemos, descubriremos que alguna mass media les ha pagado para que creen este estilo y patrones de comportamiento. Por supuesto que no será siempre así, pero sí en gran parte de los casos.

En el estudio sociológico sin embargo se abre una ventana de esperanza. Las campañas de sensibilización influyen. Del 71% que rechaza toda forma de violencia tras haber conocido alguna campaña, al 64% que rechaza la violencia de entre los que no han accedido a ninguna demuestra que algo hace, y aquí es donde volvemos a la escuela. Es necesario actuar como contrapeso a otros intereses, propagar prácticas de rechazo de la violencia sexual en todas sus formas y grados y, desde luego las autoridades deberían abordar de una vez por todas el papel de educadora en sexualidad. No es de recibo identificar educación sexual con incitación a la práctica de sexo. Piénsese en que la pornografía está tomando el rol del educador y eso sí que es peligroso y contraproducente.

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Imagen: Campaña Ayuntamiento de Picanya


Publicado por minglanillaweb @ 19:13
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