Domingo, 28 de febrero de 2016

Diputación de CuencaEs lógico ver que los señores diputados se resisten a dejar de serlo, o de  no poder llegar a serlo. Me refiero en esta ocasión a los señores diputados provinciales. Las Diputaciones provinciales, al igual que El Senado son instituciones en el punto de mira de la controversia desde hace tiempo. Los detractores aducen con razón que son “coladeros de trabajo para los amiguetes”, que su funcionalidad no es esencial e incluso duplica o triplica las competencias administrativas y que es un órgano de dudosa procedencia democrática, y en todo caso que rememora a la democracia orgánica del Régimen. En España tenemos muchos organismos que comparten muchas competencias.

De siempre las diputaciones provinciales han sido órganos de poder político a nivel provincial, cuando no provinciano. Y digo a nivel político que no representación política, pues no se forman con el voto primario de los ciudadanos de la provincia, sino que más bien se cuecen en los despachos de los aparatos de los partidos con representación provincial. Yo recuerdo la Exma. Diputación de Cuenca, la ciudad de mi niñez, adolescencia y juventud como el palacete de piedra de sillería, la piedra que se había aprovechado del hundimiento del antiguo puente de San Pablo, donde cada año, por agosto sus jardines – suntuosos para los niños de los 60 que éramos – se vestían de gala, se llenaban de flores, las autoridades provinciales y municipales (porque entonces aún no había autonómicas) desfilaban embutidos en sus esmóquines llevando del brazo a la Reina y corte de honor de la Feria y Fiestas de San Julián. Allí cenaban al aire libre ellos y sus numerosos invitados todos de alcurnia provinciana, muchos agricultores y ganaderos forrados, eso sí, y otros relevantes en múltiples campos del saber y del invertir. Tras los cócteles y suntuosa cena se iniciaba un baile digno de la corte que duraba hasta altas horas de la madrugada. Los conquenses mirábamos con las narices pegadas a la verja del jardín de la Diputación Provincial cómo se divertían los próceres y muchas muchachas, me consta, suspiraban y anhelaban ser ellas las que allí estuvieran algún otro año del brazo del señor Gobernador, Señor Alcalde, Señor Presidente de la Diputación o en el peor de los casos, señores alcaldes de pueblos y diputados provinciales. El pueblo no participaba de aquello. Tenía prohibida la entrada porque aquello no era del pueblo. Para mí durante muchos años eso fue la Diputación.

Naturalmente luego me enteré de que no sólo era eso, sino que prestaba múltiples servicios a los entes de población de menos de 20000 habitantes y que no tenían recursos suficientes por sí mismos, y que en la provincia de Cuenca son todos. Así que carreteras locales y provinciales, servicio de aguas potables, depuración de aguas residuales, arreglo de caminos, instalaciones deportivas…etc. son competencia de las diputaciones. Además manejan mucho dinero. Recaudan los impuestos. Por ejemplo en Cuenca además de las dotaciones presupuestarias gestionan la madera de los bosques que supone – o suponía -muchos ingresos.

Ahora con las negociaciones para formar gobierno ha vuelto a estar el tema en candelero. Lo que Ciudadanos ha exigido del PSOE en lo que respecta a las diputaciones no sienta bien en los barones socialistas y no digamos en el PP. Estos dos partidos han gobernado las diputaciones desde el advenimiento de la democracia y saben lo que eso supone.

Los servicios que prestan las diputaciones son importantísimos para los pequeños municipios – dicen- y además ayuda a vertebrar el territorio.

Lo primero se entiende más. Pero mi reflexión es que para esos servicios de carreteras, aguas…etc no se necesitan una cohorte de diputados provinciales cobrando dietas, desplazándose en vehículos del parque móvil,  usando recursos públicos, contratando a amigos y familiares de asesores o funcionarios, sino que más bien debería ser cosa de una institución técnica, dirigida por técnicos y cuyos puestos de dirección deberían cubrirse por un proceso de mérito bien regulado y aséptico, como otros puestos en la administración. El servicio eficaz no tiene porqué pasar por la decisión política. Los técnicos se ven muchas veces presionados por los políticos y eso les impide hacer su trabajo con eficiencia. Recuerdo que un amigo mío, ingeniero funcionario de la Generalitat valenciana me comentaba que en Inglaterra cuando había habido algún caso de delincuencia de gran calado, catástrofe o similar, comparece el jefe de la policía que es un técnico mientras que en España comparece el político de turno que a veces informa barbaridades tipo los bichitos de Rof, el accidente aéreo militar de Trillo o el chapapote de Rajoy. El caso de las Cajas de ahorro dicen mucho de esto. A las diputaciones se les acusa de coladero de enchufados a dedo y alguna razón debe haber. El color político de la diputación influye mucho a la hora de ser el primero en tener el polideportivo, el último o en no llegarte el turno antes de que se agote el presupuesto anual.

Si estamos en el momento de reformar la Constitución, no está mal plantearse reformas útiles que eviten corrupción y que faciliten los servicios desde la eficiencia y el ahorro.

Los ayuntamientos deberán seguir teniendo su voz como células administrativas próximas al ciudadano y además pueden incrementar su presupuesto gestionando los impuestos. Las comunidades de municipios y mancomunidades no han funcionado mal.

 Estamos en unos tiempos de una cierta incertidumbre en tanto se plantea cambios drásticos en el espectro político y en el territorial que habrá que manejar con calma, tacto y diplomacia, pero lo que ahora ya pinta mal es que los poderes fácticos que tan mal ejemplo han dado en el presente y pasado inmediato pasándose por ahí a los órganos de representación democrática pretendan defender sin más argumentos que el argumento más simple que encuentran en el cajón los privilegios. Eso ya no es posible. En fin, que no está mal que se plantee.


Publicado por minglanillaweb @ 19:43
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