Jueves, 28 de abril de 2016

RedesHacía tiempo que no escribía nada para el blog. Estoy bloqueado. La situación política tan complicada en que nos encontramos parece que me pedía hacer algún comentario al respecto, pero me tienen – nos tienen – tan hartos estos políticos nuestros con su intransigencia que no me apetece ni sabría por dónde morder con más tino, así que lo he desechado.

Aprovechando esta falta de elementos motivadores me he decidido a tratar algo que ya tenía in mente hace tiempo: el tratamiento que hacemos de las redes sociales. Un artículo de Tlife, al que accedí desde un enlace en El País que habla sobre la conveniencia o no de publicar las fotos de nuestros hijos en las redes y, en caso de hacerlo, qué límites debemos tener me ha empujado a retomar el tema.

Recientemente he tenido algunas experiencias desagradables en las que una red social ha servido de soporte. El cabreo de una persona le llevó a utilizar su muro en el cual cuenta con numerosos “amigos” para arremeter contra otros con la sana intención de ponerlos de su parte y en su contra respectivamente. Hasta tal punto llegó la obsesión de esta persona que incluyó fotografías de documentos privados. Seguí con curiosidad la evolución de estos desagradables acontecimientos, no tanto por tomar nota como de satisfacer mi curiosidad. De los varios miles de amigos con que contaba el supuesto “ofendido” de lo que se vanagloria ampliamente, sólo insertaron comentarios unos cuantos que podían contarse con los dedos de las manos y de éstos, cuatro o cinco lo fueron para apoyar realmente. El resto lo fue para expresar el deseo de que todo se solucionase o para insertar emoticones con una lagrimita. La otra parte sin embargo no respondió en ningún momento y se mantuvo al margen de los comentarios.

Lo realmente desconcertante es que la persona que inició este desagradable debate público es lo suficientemente inteligente y formado como para no darse cuenta de este despropósito.

Las redes tienen sus ventajas e inconvenientes, pero creo yo que en todo caso deberíamos situarlas en su justo término. Por ejemplo, el que la red social llame amigos a tus amigos no supone que sean realmente amigos. Esto es básico. Cuando alguien rastrea las noticias de la red, se entera de asuntos que le interesan y por tanto toma nota, se ríe de comentarios estúpidos, se compadece de posturas egocentristas, concede “megustas” a veces sin llegar a leer la noticia y comparte según lo que le interesa por su formación, gustos, circunstancias, etc.

La palabra “muro” es muy acertada. Cuando una persona escribe o pega imágenes o vídeos en su muro de la red social, lo hace como si lo hiciese en el muro de una calle cualquiera de la ciudad donde te conocen muchos y con la seguridad que lo leerán otros muchos que pasaban por allí casualmente. Yo que soy de la generación que lamentablemente escribía toda clase de comentarios, casi todos ellos ofensivos o soeces en los muros o paredes conozco los dramas a que algunos de estos comentarios daban lugar. “Fulanita es una p…” Menganito es un m…” y lindezas de este estilo poblaban las paredes. También había otros: “María, te quiero. Eres mi amor eterno”. Salvando la cochinada que suponía ensuciar la pared, el segundo te movía a la ternura y el primero a solidarizarte con el/la pobre ofendido/a aunque también a los más energúmenos les movía practicar la mofa y el acoso, situación que como digo, provocaba algunos dramas personales.

Los muros virtuales tienen la ventaja que no manchan la pared con tinta o pintura, pero en lo demás no tienen ninguna diferencia. Los primeros son ofensivos y denigrantes y los segundos son tiernos. Las redes están diseñadas para los “megustan”, las felicitaciones, los piropos y las alegrías compartidas. Facebook se resistió a incluir el “no me gusta” y lo comprendo.

Entre las redes más conocidas hay diferencias. Pero esto es harina de otro costal.

Conviene terminar este artículo informando de los resultados del lío social con el que lo empecé. El que se explayó no tuvo apenas apoyos reales y los que callaron obtuvieron la comprensión de la mayoría. Sin entrar a analizar quién tenía razón o no, lo evidente es que quien utilizó la red para defenderse erró y quien decidió no responder por este medio acertó. No entro en analizar la conveniencia o no del uso o abuso de las intervenciones en las redes. Hay para todos los gustos pero a veces se hace bueno el dicho de que "se está más guapo callado"


Publicado por minglanillaweb @ 20:35
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